El mar en Alicante puede ser una virtud o una coartada. Hay restaurantes que lo tienen delante y no saben qué hacer con él; otros están a unos pasos y lo entienden mejor, sin convertir cada plato en una postal azul.
Entre el puerto, el Postiguet, Playa de San Juan y Muchavista aparecen mesas muy distintas. Algunas piden una comida larga. Otras resuelven una pausa breve, una cena más técnica o una tarde que se alarga frente al agua. Lo importante no es perseguir la primera línea, sino elegir bien qué clase de costa se quiere habitar.
Puerto, playa y algo de criterio
Alicante tiene una relación evidente con el Mediterráneo, pero conviene no leerla siempre de forma literal. Comer cerca del mar puede ser mirar el puerto desde una terraza histórica, tomar café junto al Postiguet, sentarse a una barra japonesa en San Juan o buscar brasa después de un día en Muchavista.
Hay días para vista abierta, días para cocina más pausada y días para algo sencillo después de playa. La costa no impone un único plan. Lo interesante está precisamente en esa variedad: no todos los restaurantes junto al mar tienen que comportarse como restaurantes de playa.