Mordida
Mordida es una casa de fuego y brasas cerca de Muchavista. Su propuesta no se limita a servir carne: el Josper atraviesa la carta y aparece en clásicos, verduras, pescados, carnes y postres. La experiencia funciona mejor cuando se entiende como una brasa contemporánea, informal y bien armada, con platos para compartir y producto tratado con intención. Los buñuelos de Idiazabal son una entrada clave, casi obligatoria, antes de seguir con zamburiñas, alitas al Josper, verduras al carbón, pulpo, bacalao, entraña, T-bone o chuletón de vaca vieja.
La mesa, con contexto
Al Josper lo que es del Josper
El Josper es el argumento principal de Mordida, pero conviene explicarlo sin convertirlo en una ficha técnica. Su interés está en lo que hace al producto: marca, concentra, ahúma, carameliza, seca lo justo cuando debe y deja grasa, jugo y temperatura en un punto difícil de conseguir con una cocina convencional.
Cuando se usa bien, el Josper no se nota solo en la carne. También aparece en una zamburiña, en unas alitas, en un provolone, en un pescado, en una verdura o incluso en un postre. Esa es una de las lecturas más interesantes de Mordida: la brasa no queda encerrada en el chuletón, sino que atraviesa la carta.
La casa lo formula con claridad: “al Josper lo que es del Josper”. La frase puede sonar ligera, pero resume bastante bien el proyecto. No se trata de meter humo en todo por sistema, sino de entender qué productos ganan cuando pasan por el carbón y cuáles necesitan otro tratamiento.
Una carta amplia, pero con una línea común
La carta de Mordida es amplia y está dividida con bastante sentido: clásicos, ensaladas, huerto y fuego, mar y brasas, vaca vieja, cerdo ibérico, pollo de corral y postres. Esa organización ayuda a entender el restaurante. No es solo una casa de carne. Tampoco una parrilla disfrazada de gastrobar. Es una mesa donde la brasa sirve para ordenar propuestas distintas.
En los clásicos aparecen huevos rotos, croquetas, ensaladilla, torreznos, zamburiñas, alitas teriyaki al Josper, morcilla braseada, provolone al carbón y unos buñuelos de Idiazabal que merecen atención propia. Es decir, platos reconocibles, pensados para compartir y entrar en calor sin demasiadas explicaciones.
Ese apartado de clásicos tiene más importancia de la que parece. En un restaurante de brasa, no todo se juega en las piezas grandes. También se mide en los bocados iniciales, en cómo se trabaja la grasa, en qué punto aparece el humo y en si el fuego suma sin volverse protagonista único.
Buñuelos de Idiazabal: el bocado que conviene no saltarse
Si hay un plato que explica bien el lado más amable de Mordida, son los buñuelos de Idiazabal. No pertenecen al mundo solemne de la brasa, ni necesitan hacerlo. Funcionan por algo más directo: grasa, queso, temperatura y una textura pensada para desaparecer rápido.
El Idiazabal tiene carácter suficiente para sostener el bocado sin quedar diluido. Ahí está la gracia. Un buñuelo de queso puede ser una comodidad algo plana o puede tener fondo, humo, salinidad y persistencia. En Mordida, este plato funciona como una entrada casi obligatoria porque prepara el tono de la comida: placer reconocible, técnica justa y cero ganas de complicar lo que ya funciona.
No hace falta convertirlo en plato de culto, pero sí señalarlo. En una primera visita, saltárselo sería empezar la comida con menos información de la necesaria.
Carne, humo y producto
La parte más evidente de Mordida está en la carne. Vaca vieja madurada, solomillo, entraña, entrecot, T-bone, chuletón, secreto ibérico, presa, costillar, pollo campero. La carta habla el idioma de quien quiere comer con cierta contundencia, pero sin entrar en la liturgia pesada de la steakhouse clásica.
Aquí el fuego funciona como una forma de hacer más directo el plato. No hace falta cubrir una buena pieza con demasiadas cosas. El carbón debe marcar, no disfrazar. Si el producto está bien elegido, el trabajo consiste en respetar tiempos, reposos, punto y temperatura. Lo demás suele sobrar.
Mordida parece entender que la carne a la brasa no necesita solemnidad, pero sí cuidado. Hay una diferencia grande entre servir un corte y cocinarlo con criterio. En una zona donde el plan puede empezar por la playa y terminar en una mesa larga, esa mezcla de informalidad y producto tiene sentido.
Mar y huerto también pasan por el fuego
Uno de los aciertos de Mordida es no limitar el Josper a la carne. El apartado de mar y brasas permite una lectura más amplia: lubina, salmón, mejillones, pulpo, bacalao o atún rojo. El pescado al carbón tiene un punto delicado. Si se controla bien, gana profundidad, piel, grasa y aroma. Si se fuerza, pierde limpieza. Ahí se mide bastante la mano de una cocina de brasa.
Lo mismo ocurre con la huerta. Las verduras agradecen el fuego cuando no se las castiga. Un puerro, una alcachofa, unas setas o una berenjena pueden adquirir una dimensión más seria si la brasa acompaña y no arrasa. Mordida tiene en esa parte de la carta una oportunidad interesante: demostrar que el Josper no es solo potencia, también puede ser precisión.
Esa es quizá la mejor lectura del restaurante. El fuego como herramienta transversal. No como grito. No como excusa para que todo sepa igual. Como una forma de construir sabor.
Cerca de la playa, pero sin cocina de trámite
La ubicación de Mordida, cerca de Muchavista, podría empujar el restaurante hacia una lógica cómoda: local de playa, carta amplia, servicio rápido y poco más. Pero la propuesta intenta ir un paso más allá. Hay terraza, ambiente contemporáneo y una carta pensada para públicos distintos, pero el Josper le da una columna vertebral que evita que todo quede en restaurante correcto de zona.
Eso no significa que sea una mesa gastronómica de gran ambición. Tampoco lo necesita. Mordida funciona mejor como un restaurante de brasa bien armado, útil para ir con amigos, pedir al centro, compartir clásicos, seguir con carne o pescado y terminar con un postre sin cambiar demasiado el tono.
Es un sitio para comer con apetito. Para una cena relajada. Para quien quiere brasa sin ceremonia y producto sin solemnidad. En ese terreno, la propuesta tiene sentido.
Qué pedir y cómo entenderlo
Para una primera visita, conviene empezar por algún clásico con carácter: los buñuelos de Idiazabal, las zamburiñas a la brasa, las alitas al Josper, el provolone o los torreznos. Después merece la pena mirar hacia el huerto y fuego antes de lanzarse a la carne. Las verduras son una buena prueba de si una brasa está bien entendida.
En la parte principal, el camino natural pasa por la vaca vieja, el entrecot, la entraña, el T-bone o el chuletón si se va con hambre y compañía. También tienen sentido el pulpo, el bacalao o el salmón si se quiere comprobar cómo trabaja el Josper fuera de la carne.
No es un restaurante para quien busque cocina mínima, menú degustación o una experiencia silenciosa. Mordida pide mesa, hambre, algo de humo y ganas de compartir.
Juicio final
Mordida merece atención porque tiene una idea clara y la sostiene en la carta: fuego, brasas y Josper. No intenta parecer una parrilla ancestral ni una casa de alta cocina. Su valor está en otro sitio: usar el carbón como hilo conductor para construir una experiencia reconocible, sabrosa y bastante versátil.
La carta es amplia, pero no dispersa. Hay clásicos, verduras, mar, carnes y postres que giran alrededor de una misma lógica. Cuando el Josper está bien usado, el restaurante gana carácter. Cuando la brasa acompaña sin imponerse, Mordida encuentra su mejor versión.
Es una buena dirección para comer cerca de Muchavista si se busca producto, fuego y una mesa sin demasiada ceremonia. No todo tiene que ser solemnidad para tener criterio. A veces basta con que el humo esté donde debe.
Alicante Fine Dining
En la mesa
Una mirada visual a los platos y los detalles de sala que dan forma a la experiencia.
Ubicación
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Preguntas frecuentes
¿Qué tipo de cocina ofrece Mordida?
Cocina a la brasa centrada en el horno Josper. La carta combina carnes de vaca vieja, pescados, mariscos y verduras cocinadas con fuego y carbón. Hay tanto opciones para compartir como platos individuales, lo que hace flexible la experiencia para grupos variados.
¿Cuánto cuesta comer en Mordida?
El ticket medio ronda los 30–40€ por persona incluyendo bebida. Los platos de carne de vaca vieja —chuletón y T-Bone— se sirven por kilo para dos personas a 72€. Los platos individuales de mar y carne oscilan entre 21€ y 26€.
¿Dónde está Mordida y cómo llegar?
En Carretera de Benimagrell 12 Bajo, 03560 El Campello, junto a Playa Muchavista. Está a unos 15 minutos en coche del centro de Alicante. El parking en la zona de Benimagrell es más fácil que en el centro.
¿Es necesario reservar en Mordida?
Se recomienda reservar, especialmente en fines de semana y temporada alta. Las reservas se pueden hacer llamando al +34 622 73 41 66 o desde la web del restaurante. Para grupos grandes conviene llamar con antelación, ya que los menús de grupo tienen precio cerrado.
¿Tiene Mordida opciones vegetarianas?
Sí. La sección 'Huerto y Fuego' incluye platos de verduras a la brasa: alcachofas, berenjena con feta, aguacate a la brasa, entre otros. No es un restaurante exclusivamente vegetariano, pero las opciones son claras y están bien integradas en la carta.
¿Cuál es el horario de Mordida?
Abre todos los días: comida de 13:00 a 16:00 y cena de 20:00 a 00:00. En temporada alta el restaurante puede tener turnos ajustados, por lo que se recomienda confirmar antes de ir.