Zagálico
Murcia sin disfraz en el centro de Alicante. Zagálico trae marineras, cartuchos, salazones, embutidos y huerta murciana a una mesa actual: aperitivo largo, vinos de la región y cócteles de autor de la mano de Salva Lozano e Ismael Martínez.
La mesa, con contexto
Murcia, pero sin disfraz
Zagálico no intenta parecer un restaurante murciano antiguo. Tampoco uno de esos locales que creen que basta con nombrar la huerta para tener carácter. Su interés está en otra parte: tomar un recetario cercano, popular y bastante sabroso, y moverlo hacia una mesa actual de Alicante.
Ese movimiento tiene sentido porque Murcia y Alicante comparten más de lo que a veces se reconoce: salazones, mar, huerta, arroces, embutidos, aperitivo, barra, calor, pan, conserva, acidez y una relación muy directa con el comer. Zagálico aprovecha esa cercanía sin diluirla. Lo murciano se nota en el lenguaje de la carta, en el tono y en esa forma de entender el tapeo como algo que puede ser alegre sin ser descuidado.
La clave está en no caer en la caricatura. Aquí los diminutivos, las palabras murcianas y el humor tienen gracia porque acompañan a una cocina que se toma en serio lo que hace. Si no hubiera plato detrás, todo sería decorado. Pero hay plato.
Una carta de aperitivo largo
La carta de Zagálico se lee mejor si uno no entra con demasiada rigidez. Hay cartuchos, marineras, ensaladillas, croquetas, embutidos, quesos, salazones, tapas calientes y platos pensados para compartir. Es una carta de aperitivo largo, de esos que empiezan con una bebida y acaban convirtiéndose en comida completa sin que nadie lo haya planificado demasiado.
El ritmo se entiende pronto: un cartucho de agritos o de mejillones para abrir, una marinera, alguna croqueta, morcilla de verano, ensaladilla Zagálico, salazones, embutidos y algo caliente si la mesa pide seguir. No hay que buscar una progresión perfecta. Este no es un restaurante de secuencia medida, sino de acumulación alegre, de bocado salado, copa, conversación y otro plato al centro.
Zagálico funciona mejor cuando se acepta esa lógica. No estamos ante una carta de producto desnudo ni ante una cocina de autor estrecha. Aquí el placer está en el movimiento: fritura, acidez, grasa, conserva, queso, huerta, pan y vino. Una mesa que empieza como aperitivo y, sin avisar demasiado, acaba siendo comida.
La marinera y otros gestos de identidad
En un restaurante como Zagálico, la marinera no es una anécdota. Es casi una declaración. La marinera clásica, la marinera Zagálico, los cartuchos de papas con boquerones o mejillones, los caballitos y el pastelico de carne colocan la mesa en un territorio muy concreto: Murcia, aperitivo, fritura, conserva, salsa y ganas de seguir pidiendo.
Ese tipo de plato explica mejor el restaurante que cualquier gran descripción. Zagálico entiende que el aperitivo puede ser una cosa muy seria precisamente porque no necesita ponerse serio. Una buena marinera, un buen cartucho o una buena croqueta se juzgan rápido: textura, temperatura, grasa, acidez y ganas de pedir otra.
La cocina se mueve en esa escala. No pretende elevar la tapa hasta dejarla irreconocible. Prefiere darle un giro, ajustar la grasa, meter un contraste, usar mejor producto y conservar algo esencial: que siga apeteciendo comerla sin pensar demasiado.
Vinos murcianos, alicantinos y cultura de barra
La bebida tiene bastante importancia en Zagálico. No aparece como acompañamiento secundario, sino como parte del carácter del local: vinos murcianos y alicantinos, vermú, aperitivos y una coctelería con más intención de la que suele encontrarse en una casa de tapeo.
Ismael Martínez, al frente de la sala y la barra, llegó al segundo puesto del Gran Premio Ron Diplomático, lo que da una idea del nivel al que se trabaja la copa en Zagálico. No se trata de adornar la carta con cócteles de catálogo, sino de construir una propuesta de barra coherente con la identidad del local: murciana, directa y con bastante sabor.
El vino murciano y el alicantino tienen sentido aquí porque acompañan muy bien una carta de salazón, embutido, fritura, queso, escabeche y tapa sabrosa. No hace falta construir una bodega enciclopédica para que el vino tenga peso. Basta con que la copa esté pensada para sostener la comida y no para lucirse sola.
Un sitio divertido, pero con producto
Zagálico tiene humor, y eso se nota. En el nombre, en el vocabulario, en el tono de carta y en la forma de presentarse. Pero el humor, en hostelería, solo aguanta si detrás hay cocina. Aquí la parte divertida no sustituye al producto; lo acompaña.
Los embutidos, quesos artesanales, salazones y platos de inspiración murciana le dan una base bastante sólida. Esa base evita que el restaurante se quede en ocurrencia. Una cosa es tener gracia y otra muy distinta es vivir de la gracia. Zagálico parece entender la diferencia.
Esa es una de sus mejores virtudes: permite comer de manera informal sin caer en la banalidad. Se puede ir a tomar un vermú, a picar algo, a probar varios platos al centro o a montar una comida completa a base de tapas. En todos esos usos, la propuesta tiene sentido.
Cuándo ir y qué pedir
Zagálico tiene sentido para un aperitivo largo, una comida informal, una cena de tapeo o una salida con amigos en el centro de Alicante. No es un sitio para una comida silenciosa ni para quien quiera una cocina mínima. Es más bien una mesa para compartir, probar y dejarse llevar por el ritmo de la carta.
Para una primera visita, conviene empezar por los cartuchos, alguna marinera, croquetas, morcilla de verano, ensaladilla Zagálico, salazones y embutidos. Después, según hambre, se puede seguir por platos más contundentes —el zarangollo, el secreto de zarangollo o el chuletón de vaca madurado— o dejar la experiencia en ese terreno feliz del tapeo bien entendido.
La bebida debería formar parte del plan desde el principio. Un vino murciano, uno alicantino, un vermú o alguna recomendación de aperitivo ayudan a entender mejor la casa. Zagálico se disfruta más cuando no se separa demasiado comer y beber.
Juicio final
Zagálico merece atención porque trae a Alicante una cocina murciana contemporánea con bastante personalidad. No se limita a reproducir tapas típicas ni a usar Murcia como decorado simpático. Trabaja una identidad concreta: aperitivo, vino, salazón, embutido, huerta, fritura, cartucho, marinera y una forma de comer alegre sin perder el oficio.
No es alta cocina ni pretende serlo. Tampoco es una taberna antigua. Es un local de tapeo actual, divertido, con raíz murciana y una carta que funciona mejor cuando se comparte sin demasiada planificación.
En una ciudad donde muchos restaurantes se refugian en el Mediterráneo como palabra cómoda, Zagálico hace algo más preciso: viene de Murcia, se instala en Alicante y lo cuenta con gracia. Eso, cuando la comida acompaña, ya es bastante.
Alicante Fine Dining
En la mesa
Una mirada visual a los platos y los detalles de sala que dan forma a la experiencia.
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Preguntas frecuentes
¿Qué tipo de cocina tiene Zagálico?
Cocina murciana contemporánea: marineras, cartuchos de patatas, morcilla de verano, pastel de carne, zarangollo, salazones, embutidos murcianos y croquetas. Tapeo de identidad murciana con una vuelta actual, acompañado de vinos de Murcia y Alicante y cócteles de autor.
¿Qué es una marinera y por qué pedirla en Zagálico?
La marinera es una tapa murciana clásica: una rosca de pan con ensaladilla rusa y anchoa encima. En Zagálico existe tanto la versión clásica como la marinera Zagálico con su propia interpretación. Es el primer bocado que pide la mesa y el que mejor define el carácter del local.
¿Dónde está Zagálico?
En la Calle Alemania, 1, en el centro de Alicante, próximo a la Avenida Ramón y Cajal. Fácil de combinar con una tarde por el centro de la ciudad.
¿Hay que reservar en Zagálico?
Sí, especialmente para cenas de fin de semana y mediodías del sábado. Se puede reservar por teléfono en el 604 197 863. Para aperitivo de barra hay más posibilidad de entrar sin reserva.
¿Cuándo está cerrado Zagálico?
Los domingos y los lunes. El resto de la semana abre tanto a mediodía como por la noche.